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Casa de Oración De Daniel Flores Perez Zeledon Costa Rica

El poder de lo que dices

El PODER DE LO QUE DICES
Dicen los médicos que un alto porcentaje de los pacientes que visitan los hospitales padecen de enfermedades  que solo están en su mente. A muchos de ellos se les da una simple pastilla y se les quitan los dolores. Y es que vivimos en un tiempo donde la gente vive confesándose a sí mismo que están enfermos, que todo les duele y terminan recibiendo lo que confiesan.

En muchas ocasiones ante el saludo de un amigo que nos pregunta ¿cómo estás? les respondemos: "Como cuando usted era pobre". Aunque la respuesta es jocosa, embarga la confesión de una maldición: estamos confesando que somos pobres, y lo que tú confieses eso recibes.
Jesucristo nos invita a pensar distinto y a confesar todo lo contrario, veamos:
"Yo os aseguro que quien diga a este monte: 'Quítate y arrójate al mar' y no duda en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis" ( Marcos 11,23-24).
Cuando usted presente a Dios su petición, crea que ya Dios le contestó su oración y dele gracias por ello, y aunque no vea la respuesta crea que está ahí. Eso es fe, pues "la fe es la garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven" (Hebreos 11,1).
Cuando Jesús estaba resucitando a Lázaro, antes de que lo viera resucitado, lo vio resucitado, pues mientras permanecía en la tumba Jesús dijo: "Padre, te doy gracias por haberme escuchado, ya sabía yo que tu siempre me escuchas" (Juan 11,41-42). Después de esto le ordenó a Lázaro salir de la tumba.
Jesús aboga por un cambio de mentalidad. Jesús sabe que la palabra hablada tiene un gran poder para determinar mi ser como mi entorno. Mucha gente vive confesando que son pobres, que son tontos, que no sirven para nada, nací para perder, que estoy tan enfermo, todo me duele, nadie me quiere, mi esposo es un borracho sin remedio, que mis hijos son tontos y que todo lo hacen mal, etc. Sin embargo Jesús quiere que tú recuerdes aquella famosa expresión de Pablo: "todo lo puedo en aquel que me fortalece" (Filipenses 4,13).
De ahora en adelante vamos a mirar la solución y no los problemas; vamos a mirar la curación y no la enfermedad; la petición contestada y no la petición sin contestar. Si estás pidiendo por tu marido alcohólico, míralo liberado y dale gracias a Dios por ello. Repite a tus hijos que son inteligentes, que nacieron para triunfar. Confiesa que tus enfermedades se van poco a poco, que cada día estás mejor. Que cuando te saluden respondas: estoy cada día mejor. Recuerda lo que confiesas, eso recibes.
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